Soluciones Técnicas y Desafíos Adaptativos

Robert Waldinger, Director de la Escuela de Desarrollo de Adultos de la Universidad de Harvard, llevó a cabo durante 75 años la siguiente investigación. Se evaluaron 3 generaciones de personas, tanto ricas como pobres del estado de Massachusetts. De esta extensa investigación se concluyó que La Felicidad depende de las relaciones personales. Cuanto más constructivas y sanas son, más grado de Felicidad uno siente.

Waldinger, psiquiatra y psicoanalista, repite hoy en dia la misma pregunta a los jóvenes. La respuesta, una y otra vez, es la misma: el dinero, ser ricos. Únicamente, el 20% responde otras opciones.

Parece obvio. Establecer relaciones saludables y constructivas requiere de tiempo y un esfuerzo emocional importante. Tener o aprender habilidades sociales, poseer valores como la generosidad, la cooperación, el perdón, el amor, etc. En cambio, si tienes dinero para abastecer tus necesidades primarias es algo más rápido y sencillo. Aparentemente.

Paralelamente a este estudio, leí un articulo que presentaba y explicaba la diferencia entre Problemas/Soluciones Técnicos y Desafíos Adaptativos.

Se entiende por Problemas/Soluciones Técnicos a todas aquellas situaciones para las cuales se tiene una respuesta conocida. Por ejemplo, no sabes cómo llegar a un museo, entonces miras un mapa. Se te pincha la rueda del coche, llamas a una grúa.

Las Soluciones Técnicas  son muy prácticas, nos permiten optimizar tiempos y resolver las situaciones de manera rápida y oportuna. Pero no siempre son la solución. Te presento  este ejemplo. Una persona obesa, que para adelgazarse se pone un bypass gástrico. Pasados unos meses, como es obvio, se adelgazará. Pero como sus hábitos alimenticios no los ha mejorado, volverá en breve a coger peso, incluso a superar el peso del principio.

Lo que ha pasado es que esta persona quiso resolver un Desafío Adaptativo, por medio de una Solución Técnica. 

El Desafío Adaptativo implica cambiar los hábitos, conductas, comportamientos, creencias, e incluso en algunos casos, hasta valores.

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Y aquí es donde he encontrado la parte más interesante de estas lecturas: La Felicidad es un tremendo Desafío Adaptativo. Requiere relaciones humanas constructivas, dedicando tiempo, esfuerzo, trabajo, inteligencia racional y emocional, y tener grandes virtudes humanas como la generosidad, el perdón, la paciencia, la compasión, y el amor, etc.

Y, sobretodo, es un gran Desafío Adaptativo porque La Felicidad no se resuelve con una Solución Técnica como 10 millones de euros.

Por lo tanto, hay que conseguir romper esta creencia tan oída de que el dinero da la felicidad. Eres tu el responsable de tu felicidad.

 

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‘Solo respira’

Un video explicado por niños de cómo pasar de un estado de ira y nervios a un estado de calma y relax. Según ellos, un estado en el que se puede pensar con más claridad y ser más dueños de sus emociones.

Es como si toda la brillantina de un bote agitado, dejara de dar vueltas y se posara en el fondo, hasta quedar totalmente reposado.

La visualización del video ya te induce a la calma, a bajar pulsaciones. ¡Pruébalo!

Cuestión de valores

La equidad, la honestidad, la humildad, la valentia, el compañerismo, la generosidad, la tolerancia, la humanidad, el respeto, el perdón, la familia, la empatia, la responsabilidad, la puntualidad, etc. Todos ellos son valores que determinan nuestro comportamiento y nos influyen directamente en nuestras decisiones.

Los valores son aquellas cualidades que apreciamos en un objeto, acto o acción. Son ellos los que nos mueven a relacionarnos de un modo u otro. Nos hacen establecer unas prioridades u otras en la vida. Por ejemplo, a la hora de buscar trabajo ciertas empresas serán de mayor interés para ti, por encima de otras, por los valores que promulguen. O para que una relación de pareja sea exitosa será primordial que compartáis valores de vida.

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No es necesario coincidir íntegramente en todos los valores, pero fijaos que vuestras mejores relaciones humanas son con personas que comparten valores muy similares a los vuestros. De hecho, los objetivos que se marcan las personas son la expresión tangible de sus valores. La persona que tiene como objetivo ‘formar una familia’, por ejemplo, valora con absoluta seguridad tener hijos. Seria absurdo compartir vida con alguien que no tiene ese valor como importante.

Por eso, los valores son considerados bienes valiosos. Nietzsche, por ejemplo, se refería  a los valores como al fundamento de la comprensión del mundo y de la vida. Es importante saber con cuáles te sientes más alineado, identificado. Te definen como persona. Te hacen actuar y decidir. Te hacen ser coherente con tu modo de vida y con tus sentimientos. Y, también muy importante, te ayudan a proponerte objetivos, retos futuros.

Una vez leí en un libro de Robert Dils que cuando los valores de la persona se ven satisfechos o correspondidos, experimenta una sensación de satisfacción, armonía o sintonía. Cuando, por el contrario, no lo son, la persona se siente insatisfecha, incongruente, e incluso violentada.

Es primordial conocer tus valores y educar en base a ellos.

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‘Cuida tus valores, pues ellos formarán tu destino.’ Mahatma Gandhi

No es fastidiar, es fortalecer.

 

Solemos hablar de problemas. Yo os planteo un cambio de palabra. Hablemos de situaciones. Es como si estuviéramos jugando a un videojuego y en cada pantalla nos apareciera un elemento nuevo a combatir. Nos ofrecen diferentes herramientas, las cuales tienes a tu alcance para ser usadas y, así, arrebatar el control y el poder. Únicamente debes saber bien con qué herramientas cuentas y buen criterio para elegir la más adecuada.

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No se trata de fastidiar sino de fortalecer. En cada nivel aumentas tu fuerza y tu experiencia. Te vuelves más hábil y el factor sorpresa es cada vez más predecible.Y, automáticamente, tus niveles de auto-conocimiento y confianza crecen.

Actitudes que te ayudarán a pasar de pantalla y no estancarte:

  1. Generalizar no ayuda a avanzar. Estableces una norma que predetermina tu manera de afrontar la situación. Por ejemplo: Nunca se me ha dado bien solucionar hablar en una reunión. 
  2. La dramatización, el catastrofismo. Vuelves a anticipar acontecimientos que no favorecerán la búsqueda de soluciones.
  3. Pensar cómo lo solucionaría algún amigo/familiar más resolutivo que tú.
  4. ¿Y qué más? Es una pregunta muy buena cuando crees que no existen más opciones que las ya pensadas. SIEMPRE hay más opciones.
  5. Sentir la responsabilidad de solucionarlo y la agradable sensación de haberlo hecho.  

 

Dicen que soy héroe, yo débil, tímido, casi insignificante, si siendo como soy hice lo que hice, imagínense lo que pueden hacer todos ustedes juntos.

Mahatma Gandhi.

Habilidad emocional

Cualquiera puede enfadarse, eso es algo muy sencillo.
Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno. Con el propósito justo y del modo correcto, eso, ciertamente, no resulta tan sencillo.

Aristóteles

Saber llegar a dominar ese difícil equilibrio entre la razón y el corazón, entre la cabeza y los sentimientos es ardua tarea. Se conoce como Inteligencia Emocional. Tal concepto lo definió Mayer como:

‘Habilidad para percibir, asimilar, comprender y regular las propias emociones y las de los demás, promoviendo un crecimiento emocional e intelectual. De esta manera se puede usar esta información para guiar nuestra forma de pensar y nuestro comportamiento.’

Hoy en día este concepto se ha ido integrando en ámbitos muy dispares. Tiempo atrás hubiera sido impensable contemplarlo en la empresa. Hoy un buen líder, entre otras cualidades positivas, debe poseer una madurez emocional deseable. Que su manera de hacer y decir sea emocionalmente equilibrada.

En cambio, en el ámbito educativo adquirió creciente importancia mucho antes. Se consideró que dotaba a los alumnos y a los profesores de herramientas imprescindibles para que las relaciones entre unos y otros mejoraran. Mejorar aspectos como la aceptación, la comprensión, la comunicación, la equidad, la autoestima, el autoconocimiento, etc. Y aunque se considera importante integrarlo en el día a día de una escuela, aun es hora de que se cree una asignatura que le dé el valor que merece.

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La Inteligencia Emocional, el Mentoring, el Coaching, los Team Buildings que tan de moda están, definitivamente quedan enfocados a la mejora en la calidad de las comunicaciones y/o relaciones entre equipos/grupos de trabajo. Siendo estos equipo profesores, directivos, alumnos, familias, etc.

Me encanta como Daniel Goleman, un experto en este campo, nos da matices sobre la Inteligencia Emocional en su libro:

(…) la capacidad de motivarnos a nosotros mismos, de perseverar en el empeño a pesar de las posibles frustraciones, de controlar los impulsos, de diferir las gratificaciones, de regular nuestros propios estados de ánimo, de evitar que la angustia interfiera con nuestras facultades racionales y, por último —pero no por ello, menos importante—, la capacidad de empatizar y confiar en los demás. Daniel Goleman.

Para mi esa es la gran sabiduría. Esa es la META para vivir en el equilibrio deseado, donde controlas tus emociones. Las gestionas. No te dominan ellas. La ira no te desborda. La pena no te anula. Tu mandas sobre ellas.

Debemos tener en cuentas dos aspectos importantes:

  1. La genética no nos dota de la misma manera. Unos seremos más sensibles en este campo. Percibiremos más o menos emociones. Y las sabremos gestionar mejor o peor.
  2. Independientemente del grado de inteligencia emocional que cada uno tenga, hay un trabajo personal ineludible en este proceso de mejora.

Y este trabajo empieza por cuestionarnos cómo podemos ser mejores emocionalmente. Qué relaciones tenemos enquistadas. En qué medida somos responsables nosotros.  Cómo nos sentimos antes las críticas. Cómo expresamos nuestros desacuerdo en las discusiones. Cómo recibimos los desacuerdos. Si sabemos ponernos en la piel del otro. Si sabemos regular nuestras emociones más íntimas y llevarlas al nivel que nos interesa para no quedar varados.

Finalmente, añado un párrafo muy interesante que incita a la reflexión, sin más. Por cierto, extraído de escritos filosóficos. ¡Qué saludable es la filosofía para el ser humano!

En su Ética a Nicómaco. Aristóteles realiza una indagación filosófica sobre la virtud, el carácter y la felicidad, desafiándonos a gobernar inteligentemente nuestra vida emocional. Nuestras pasiones pueden abocar al fracaso con suma facilidad y, de hecho, así ocurre en multitud de ocasiones; pero cuando se hallan bien adiestradas, nos proporcionan sabiduría y sirven de guía a nuestros pensamientos, valores y supervivencia. Pero, como dijo Aristóteles, el problema no radica en las emociones en sí sino en su conveniencia y en la oportunidad de su expresión. La cuestión esencial es: ¿de qué modo podremos aportar más inteligencia a nuestras emociones, más civismo a nuestras calles y más afecto a nuestra vida social?

No os perdáis el video que adjunto en este link. Es una conferencia de Goleman, un crack en esta materia. ¡Disfrutadla!

Daniel Goleman. Inteligencia Emocional

¡No vuelvas a preguntarle a un niño qué quiere ser de mayor!

¿Has tenido alguna vez la sensación de querer dedicarte profesionalmente a cosas muy dispares? Me refiero a actividades que nada tienen que ver la una con la otra pero, sin embargo, sabes que con cada una de ellas las disfrutarías.

A mi sí me ha pasado. Y, de hecho, me sigue pasando. Lo que hago lo disfruto, me enriquece. Pero ya ha llegado a unos niveles más de rutina que de sorpresa. A un estado de inercia con algún toque de novedad, de chispa.

Por supuesto que cada día me voy con algo nuevo. No dudéis que cada día aprendo de mi trabajo, de las personas con las que me relaciono y, desde luego, de mi. ¡Sin duda! Sin embargo, reconozco que me interesan mil cosas más. Me llaman otras ideas, otros ámbitos. Y no por ello pienso que tenga dificultad para aposentar mis nalgas y plantarme. Quedarme aquí. Pienso en virar. Pienso en ampliar. Pienso en descubrir. En ponerme a prueba. Me pesa pensar que el resto de mi vida laboral se siga desarrollando como hasta ahora.

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Y pienso que no soy la única. Que muchos hemos sido educados con este leitmotiv. Y que, por lo tanto, educamos en esa onda.

Es por eso que dejo esta reflexión para que cada uno la tome o la deje, como las lentejas. Quitémonos esta obligación de encontrar LA vocación. Pregúntate más sobre qué disfrutas, qué te apasiona, qué te gusta hacer. Puede que sea una sola cosa o varias. Y es tan válido una opción como la otra. Convierte eso en tu profesión en la medida de lo posible. Serás, entonces, una persona afortunada. Y si, por el contrario, son muchas las cosas que te apasionan, sé bueno en cada una de ellas. No descartes ninguna, no tienes ninguna obligación de hacerlo. Es una cuestión simple y llana de prioridades.

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Sé feliz. Brilla. Sé tú.

¡No vuelvas a preguntarle a un niño qué quiere ser de mayor! Pregúntale con qué disfruta y en qué se siente bueno. Él y el tiempo harán el resto.

Silencio y calma

Qué calma y tranquilidad transmiten algunas personas. Qué placer pasar minutos con ellas, charlar, compartir. Qué sensación de simplicidad. Qué ganas de ahondar en todo lo hablado.

De repente te encuentras con ellas. De repente disfrutas de ellas. Y te das cuenta, como siempre suele ocurrir, cuando te vas. Qué tan a gusto has estado y qué rápido ha pasado. Qué ganas de volver a empezar porqué me sienta bien.

Y así de bien sientan espacios de calma y de silencio. De lecturas. De reescribir en tu libreta las cosas más tuyas, más internas. Tus sensaciones, tus objetivos, tus mejoras, tus deseos, tus pasos y cambios. Tus logros. Tu YO interior. Aquel que solo oyes y escuchas cuando permites que la calma te abrace. Cuando lo que te rodea no te interesa y solo quieres ir dentro, más allá de lo palpable.

Y eso solo pasa cuando te enfrentas a ti. Y sientes y sabes que vas a oír cosas que no te van a gustar. Pero eres lanzado y valiente. Quieres ser mejor, llegar a ser dueño de ti y de tus emociones. Que no sean ellas las que manipulen tus relaciones. Y quieres conocerte más. Por eso te regalas esos ratos de silencio y de escucha. Por eso los buscas cada vez más. Sabes que ganas en confianza. En fuerza interior. En criterio. Sabes que, aunque lo que escuches no es lo que te gustaría, es el paso para alcanzar la excelencia. Para ganar seguridad y claridad en tu camino. Para ser dueño de ti y que nunca lo sean otros. Para vivir en coherencia.

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Os comparto unas lineas de Rimpoché, uno de tantos maestros budistas a los que cada vez estoy más enganchada a leer:

“Hoy tenemos casas más grandes y familias más pequeñas. Más relojes, pero menos tiempo. Más conocimientos, pero menos sentido común. Más expertos, pero no menos problemas.

Gastamos demasiado, reímos poco. Nos echamos de menos pero nos enfadamos de más. Hablamos demasiado, y escuchamos muy poco. Compramos más, pero lo disfrutamos menos.

Hemos aprendido a prolongar la vida, pero no a vivirla realmente. Hemos conquistado el espacio exterior, pero no nuestro interior. Hemos desintegrado el átomo, pero no nuestros prejuicios. Hemos aprendido a correr, pero no a esperar.

Es tiempo de comidas rápidas y digestiones lentas. De ingresos más altos, pero moral más baja. De más entretenimiento pero menos diversión.

Porque de todo tenemos más y de casi nada hemos conseguido lo mejor”